dijous, 8 d’abril del 2010

CUENTO BREVE PARA RECIBIR LA NOCHE

Su voz se escondió detrás de la ventana de mi habitación sin que el cuerpo en el que habitaba la echara de menos. Por la noche, un susurro apacible se deslizó por mis sueños dando rienda suelta a palabras que de tantos años de no utilizarse parecían huecas. Minutos después, la voz, con su forma y sonido recuperados, construyó una retahíla de rimas y canciones y cuentos y arrumacos perfectos para el final del día. De repente, los pasos ansiosos del cuerpo pesado y mordaz al que pertenecía la voz la arrancó de nuestro ensimismamiento llevándosela consigo. La necesitaba para vitorear a su equipo preferido.

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