Siguió por un camino supuestamente equivocado y se encontró con su rastro. ¿Eso era mío?, pensó, y recogió la puesta de sol que estaba a punto de clausurar la última chispa de luz, provó algunos madroños y los reconoció como frutos de su juventud, tocó piedras y rocas que ya no recordaba y entonces, se puso a llover y con la lluvia se le resbaló todo menos lo esencial para seguir en si misma.
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