Sobre la escarcha de su boca asiste una oración muda que se pasa la palabra de silbido en silbido sin parar. Solo espera un relámpago ciego e invisible para reanudar su marcha hacia un tiempo insoluble. Desiste, pues, le dice el cárabo. Esta noche tampoco sale la luna para tus ojos. Esta noche persiste el reino de lo inalcanzable. Habrá más días, pero su semilla está aún por germinar. Y sin muestras ni resoluciones el alma pide paso para dar tiempo a la viña, al sol y las tempestades, al adiós y a esa mirada lejana que de tan próxima se desvanece en los sueños.
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