En el transcurso de la noche, se le sucedieron todas las palabras importantes que había dejado de escuchar a lo largo de su vida, pero una de ellas, aluvión, parecía tomar un lugar destacado entre todas las demás. Reflexionó sobre ese hecho: qué tendría de especial y por qué, pero no le encontraba ningún sentido. Siguió buscando una señal entre su significado y como no aparecía la aparcó y dejó que su mente se llenara de las otras como ensimismado, resorte, quintaesencia, desobediente, afilador, carro... sin sospechar que ella misma, "aluvión", era la señal para prevenir lo que estaba a punto de ocurrirle. Efectivamente, fue el mismo aluvión de palabras el que cubrió con una capa de formas y sonidos infinitos el camino del silencio, imprescindible para seguir despierto y elegir desde los surcos que traza nuestra esencia.

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