En la oscura cueva de los nombres olvidados, como si de una apuesta se tratara, gravó con letra clara, en la misma entrada, el nombre de quien hasta ese momento creía ser. Pasaron algunos meses y una mañana gélida sus pasos se detuvieron ante su antigua inscripción. Se la miró contrariado, preguntándose quién debió ser el ingenuo que había tratado de perpetuarse ante los designios de la vida.

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