Buscaron
lugares públicos donde poner freno a su pasión y los encontraron: en los bares,
en las bibliotecas, en los escenarios antes y después de las actuaciones, en
las playas, en los bosques, en los lavabos públicos, en los jardines públicos
con sus laberintos públicos, en Ikea como formando parte de un paisaje, en los
párquings, en las calles, en las plazas, en la sección infantil de las
librerías por compartir esa mirada abierta ante lo desconocido que traen los
cuentos, en las estaciones de trenes y
de metros… Pero como los deseos clandestinos no saben de pactos ni de dogmas, tal y como
haría el humo anunciador de incendios que se expanden cuanto más se quieren
achicar, esos lugares públicos espolearon
aún más su pasión y se convirtieron en la pareja pública más amorosa.

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