Tiempo desnudo con inviernos pasados rugiendo volver. Alma de desierto que esconde escorpiones bajo la arena. Desde el descansillo de la escalera observo tus idas y venidas, observo los sinsentidos que han llenado alcobas y te observo a ti, impávida, y te desenmascaro con mi provocación. Ya no te quiero. Tu frío eterno ha dejado atrás corazones sin música, voces extraviadas en los recuerdos de quienes extrañamos a los que te has llevado. ¿Estás contenta? Deja, pues, de revolotear por mis entrañas. No voy a llamarte aunque los cielos sean lluviosos o las lunas no traigan amores. Los fuelles de mis esperanzas están en marcha para revolotear por otros cielos o para recoger otras cosechas pequeñas pero indispensables para echar raíces en el amparo de los dioses.

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