La mezzosoprano desplegó sus cuerdas y dio lo mejor de ella para que su aria sonara como el mejor sorbo de frutas frescas. Sabía que él estaba allí, en su palco, mirándola. Sólo tenía que conseguir toda su atención unos segundos para que no se percatara de los pasos traicioneros que con tiento empuñaban la venganza en el cuchillo celoso.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada