dijous, 28 de novembre del 2013

DE COP, EL MAR




Contraviniendo lo acordado, en medio del desierto, se giró para comprobar que ella le seguía. Segundos más tarde, era testigo de su transformación en estatua de sal. El dolor y la desesperación no podían deshacer esa roca amurallada que lo separaba de su amada por más golpes que le propiciara. Vacío en su desconsuelo, sólo atinó a poner sus labios sobre el grosor de esa masa impenetrable, justo en ese montículo donde se hallaban los de ella. Quizás por el vaho, quizás por ese abrigo amoroso, lo cierto es que sus bocas supieron buscar un camino entre los granos de sal y encontrarse al final de tantas y tantas capas... Y dicen que el calor que desprendieron sus besos fue tanto, que la sal se derritió y sus cuerpos se fundieron en océanos de aguas marinas que, desde entonces, van extendiendo su amor imparable por todo el planeta.

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