Si los dioses llegaran esta noche, vendrían con un hatillo deshilachado, descalzos de sueños y remando en una nube sin palabras. Vendrían, sin duda, con la añoranza cosida en la piel y las cuencas de los ojos vacías de futuro. También, sin vaivenes que rompieran el sonido del aire, sin puertas para abrir horizontes, sin quemadores para cocinar el hambre de las ausencias... Si los dioses llegaran esta noche, insisto, no encontrarían el camino que les llevara a casa ni el rastro de tu nombre ni la sombra temerosa de una niña buscando refugio ni la ráfaga de un puñal que hiere el mañana antes de que amanezca. Tan solo un vuelo fugaz y tenue como el viaje que hace una lágrima.

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