No es blanco el viento que agita el desnudo de cuerpo ni tiene volanderas para erizarse cuando pasa ni senderos hacia cuevas sin mañanas o aludes que abren pechos sin latidos.
De los olivos sale mi lechuza para calmar el sonido hueco de la noche y encuentra tu luz dormida, incandescente, que aleja los pasos y sabe a muerte. En los naranjos de tus patios nació el alba aullada y quise saber... y supe. Y heme aquí, sin alma.
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