Es tiempo de echar los cabos adentro, de deshilachar la riendas, de cortar los flecos fundidos, de arrebatarle al mar las distracciones imperdonables, para segarlas hasta que dejen de aletear... De agrupar el polvo, hacerlo cristalino -o opaco, nunca sé qué es mejor-, delirar en cada huella como si descubriera un nuevo planeta y habitarlo por primera vez. Recuperar la inocencia necesaria para invitarte a entrar.
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