Vivir para estar, para sentir,
para escribir.
Florecer en un segundo
en la comisura de tu boca.
Suspirar en cada poro puesto
de nuevo en la piel.
Descubrir que la primavera
también llega aquí, en tí,
en cada lugar habitado
y soñado.
Dejar llevar cada vaivén
en forma de ilusión
de paradero cercano
a tus entrañas vívidas,
desconocidas,
vencidas
y darles paso para resurgir
como la fruta roja
que se deshace en los labios
cuando encuentra
el deseo de ser.
Alicia Molina
22/III/09
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