Ya no hay palpitares en la puerta ni veneno en los labios para llevar adentro. Ya no hay emboscadas en los cementerios ni carruajes con cuerpos deshechos. Solo una loma de serpeante sendero, solo un trecho mudo, que sostiene polvo, misterio... Sin faros que avisen de un posible choque ni neblinas que lo enturbien, sin aleteos en la cama ni besos que los abriguen, tan solo queda la rendición de la Luna, el viaje triste del cometa que huye, la cuerda que deshace el lazo, un punto inexacto que fluye.
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