dilluns, 15 d’agost del 2016

HAY PRECIOS QUE SON IMPAGABLES



Hay precios que son impagables.
Por ejemplo, ser uno mismo.
-O intentarlo.
Se requiere de cierta fibra muscular
colocada en partes invisibles
que actúa por todo el cuerpo
cuando éste se vence a la ausencia.
Otro caso es el de retejer la piel 
ante los cambios de rasante.
-O es lo mismo?
Hay que dejar en el asfalto 
lo desechable
y saber qué forma parte de tu huella,
para llevártela a cuestas,
aunque pese,
aunque parezca extraña...
hasta que te reconozcas.
Nada comparable, por supuesto,
con el arte milenario de mirar al vacío
y comprender 
que en todo abismo 
hay brotes de todos los tiempos.

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