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diumenge, 2 de febrer de 2014

MUNT DE MOTS, UN FESTIVAL DE CUENTO a la REVISTA TANTÁGORA

MUNT DE MOTS, UN FESTIVAL DE CUENTO. Alicia Molina

¿Cuántas orejas necesita un cuento para ser contado? O si lo prefieren ¿basta una voz para que una historia cobre vida? Sin olvidar, por supuesto, el impulso inicial que lo gesta, sea el deseo de ser, como cuento, ¡claro! O el de compartir con el otro… O el de viajar, crecer, transformarse… En cualquier caso, echando líneas paralelas entre los cuentos y el Festival de Narración Oral de Barcelona, Munt de Mots, descubrimos que también el Festival nace y crece como una historia, con sus protagonistas, propósitos, dificultades, alianzas… Solamente hizo falta que un día alguien lanzara al aire esas palabras tan poderosas como “había una vez…” y que empezara todo.

Y realmente, ¡todo empezó! Desde hace cuatro años, la tercera semana de octubre llena de cuentos la ciudad de Barcelona (y sus alrededores, como pasó en esta última edición, que las historias se esparcieron en otras ciudades como Cardedeu, Gavà, el Masnou…). Cuentos para niños y adultos, talleres, conferencias, jam’s sessions… sesiones como las “Cuentae Linguae” en que se cuenta en más de cinco lenguas diferentes. Casi en su totalidad gratuitas, para llevar los cuentos a todos y a todas partes: a lugares de tan comunes como bibliotecas, centros cívicos, ateneos, bares, plazas, parques, teatros… con la intención de promover, consolidar… la narración oral en esta ciudad, en este país.

Pero empecemos por el principio: la primera edición del Festival se sitúa en octubre de 2010. Antes no existía en Barcelona una propuesta cultural que se le pareciera. Lo que sí que había era una participación creciente en diferentes actos relacionados con la narración oral (ya fuera en bibliotecas, centros cívicos, bares…) por parte de narradores, algunos formados en talleres de narración, que llevaron de manera natural a la necesidad de crear el Festival Munt de Mots.

Para dar cobijo al Festival, se creó la Associació Munt de Paraules por iniciativa del catalán de origen venezolano, Rubén Martínez Santana, director y alma mater del Munt de Mots, además de narrador oral (este año celebra su treinta aniversario), pionero de movimientos de narradores orales en otros tres países, además de formador de narradores, escritor y músico. Él mismo propuso, también, un equipo que durante 4 años está haciendo posible el Festival con una línea claramente ascendente en cada una de sus ediciones tanto desde el punto de vista de la oferta, como de la participación.

Pero ¿cómo permanece en pie un Festival de esta envergadura sin ninguna ayuda directa por parte de la Generalitat o del Ajuntament de Barcelona? Es en esta parte de la historia en la que se necesita tener la audacia de un joven guerrero, la astucia de un alma sabia y la nobleza de un caballero para ir derribando obstáculos y dibujar puertas allá donde aparecen muros.

En este sentido, la Associació Munt de Paraules estableció, en un principio, una alianza estratégica con el Centre Cívic Pati Llimona, con la Fundació Romea y con Biblioteques de Barcelona. A partir de esta alianza, la Associació ha construído el Festival Munt de Mots distribuyendo los costes de su realización, de modo que los honorarios profesionales de los artistas invitados corren por parte de las más de 35 distintas instituciones (contando las 15 bilbiotecas como una sola entidad) que albergan sus espectáculos. Los gastos de oficina y la logística de organización, son cubiertos por el Centre Cívic Pati Llimona. Las Biblioteques facilitan espacios y cubren honorarios profesionales de los conferenciantes. La Xarxa de Centres Cívics (ahora asimilada al Institut de Cultura) asumió en una de las ediciones del Festival, los costes de impresión de los programas de mano y carteles, aunque para este IV Festival, del octubre pasado, se tuvo que buscar ayuda a través de la creación de un verkami para poder pagar los costes del programa de mano y carteles.

Por otro lado, el hecho de que en los últimos años la Cultura se haya visto relegada de las apuestas y ayudas institucionales ha propiciado que tanto las organizaciones privadas como las públicas sientan la necesidad de impulsar nuevos proyectos desde la cooperación y participación entre unos y otros. En este sentido, el Festival ha encontrado apoyo en organizaciones tanto locales como internacionales (Museu de la Música, Casa Amèrica Catalunya, Red Internacional de Cuentacuentos, etc.). Mirándolo bien, estos apoyos siempre son un viaje de ida y vuelta: el Festival se nutre de prestigio y las entidades se alimentan de propuestas de trabajo y de la asistencia de un público potencial.

Pero nada de esto no llegaría a ningún puerto si el Festival no contara con el apoyo incondicional de un equipo de personas voluntarias. Sin duda alguna, esta es la clave para deducir que a pesar de las dificultades, Munt de Mots no sólo sigue adelante, sino que cada año pone el listón más alto y consigue superarlo gracias a la voluntad, la confianza, el compromiso, la lealtad, el tesón… de este grupo de personas que pone al servicio de la narración oral toda la ilusión, el amor, la creatividad… y su tiempo para hacer posible el Festival.

Este equipo es el escaparate de todo lo que se cuece en esa semana de cuentos, talleres… Hacen de guías de los narradores visitantes, los acogen en sus casas, los asisten en sus actuaciones… Además de llevar un registro de cada actividad en cuanto a la asistencia, fotografías, reseñas… Gracias a ellos, el Festival puede reducir sus gastos, hacerlo sostenible y, sobretodo, posible.

Este mérito del equipo de voluntarios no quita responsabilidad a las instituciones que tendrían de velar por facilitar todas y cada una de las posibilidades para que iniciativas como el Festival tuvieran la garantía de poderse llevar a cabo y recibieran legitimidad institucional. Ojalá fuera así. Ojalá pudieran valorar la presencia en la ciudad de profesionales de reconocida trayectoria nacional e internacional dentro de la narración (el año pasado vinieron narradores de los cinco continentes). Ojalá se dieran cuenta de cómo se nutre la ciudad al participar de estrenos artísticos inéditos de un oficio tan antiguo como es el de la narración oral y que hace tan solo 30 o 40 años que ha vuelto a ocupar las plazas, las bibliotecas, los bares… para quedarse porque forma parte de la esencia humana.

Mientras tanto, como narradores, como público, como voluntarios… hagamos que este Festival siga cumpliendo años y esperemos que sea, literalmente, el cuento de nunca acabar.

Aquí podéis ver la galería de fotos del evento.
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