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dimecres, 24 de novembre de 2010

PÉRDIDAS SIN DESCRIPCIONES

Dicen que las historias empiezan por un inicio y un conflicto. Por este orden. Ésta, sin embargo, cambia el rumbo habitual porque todo tiene lugar el día en que Lucrecia pierde un anillo en su jardín. Extraño, pensaréis,  pero ahí estaba: estrenando el primer conflicto de la historia. ya que al darse cuenta de lo que le había pasado y de todo lo que se le avecinaba, empezó a buscarlo por todas partes. Fue entonces cuando se desorientó y se perdió. Así tal y como suena. Se perdió en medio de un espacio de poco más de 300 m2  y sin saber cómo salir de allí, y temiendo no llegar a tiempo a la cita, tomó la decisión de hacer un túnel convencida de que la salida se encontraba a pocos metros de excavar con la pala que encontró por casualidad. Podría haber pensado que si se había perdido en tan poco espacio, qué no le podía pasar cavando hacia algún lugar, pero eso sólo se le ocurrió cuando despúes de haber avanzado unos cuantos cientos de metros dio con una tribu de seres minúsculos que la cautivaron sin mediar palabra. Ahí, amordazada y maniatada, tuvo tiempo de deducir que había errado la dirección de su túnel y que, probablement, debía encontrarse en algún punto cercano al centro de la Tierra, sobretodo por las indicaciones de una especie de mapa que ponía "usted se encuentra aquí", pero qué importaba ya adónde estaba si aquellos seres tenían a punto una caldera que ni la de Pere Botero... Así que, resignada, se disponía a aceptar su sino cuando al meter la mano en el bolsillo del pantalón, no sin hacer un merecido esfuerzo, encontró el anillo que creía perdido y se lo colocó en el dedo índice de la mano derecha, enfocó hacia el Norte, con otro merecido esfuerzo, y desapareció de su inminente lugar de sacrificio. Mientras los poderes del anillo la trasladaban de lugar, lo programó para dirigir el rumbo hacia su planeta. Necesitaba un curso acelerado de orientación.

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