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dimecres, 14 d’abril de 2010

CUENTO BREVE AL REVÉS

Y Mikaela cogió el tren con los ojos negados de lágrimas. Si hubiera estado más serena, además de ese vacío profundo, seguramente hubiera sentido rabia porque se daba cuenta de que estaba representando esa escena típica de cualquier película en que la protagonista, por ejemplo, está en el andén a punto de subirse a un tren que la alejará de su amor para siempre y en el último momento llega él y le aclara las múltiples dudas y todo se arregla y todo el mundo ve esa escena de final feliz que, por otro lado, Mikaela no entiende por qué cada vez que pasa algo así hay que aclararlas ahí, en medio del bullicio, que no tiene casa esa gente para hacer las cosas con más discreción, se pregunta. Y es precisamente esa necesidad de exhibirse, esa manera de tomar decisiones como si uno estuviera entre la vida y la muerte lo que jamás ha soportado Mikaela del cine porque su vida nunca le ha mostrado esa cara amable. Ahora es ella la que está allí y sabe que él no vendrá porque justo éso es lo que acordaron hace dos días cuando después de dos años de vivir juntos habían llegado a la conclusión de que no podían seguir de esa forma. Era una decisión unánime, aunque no por ello menos dolorosa, puesto que llevaban varios meses con todas las brasas apagadas y los corazones pidiendo algo que ya no tenían ganas de darse el uno al otro. Lejos quedaban las tardes en que ella lo pasaba a recoger por el trabajo y él cerraba la puerta del despacho con la urgencia de quien espera devorar la vida en un instante. Y más lejos aún se encontraba el primer día en que la vio aparecer por la puerta de su consulta, a la hora convenida con su secretaria, dispuesta a arrancarse la pena y el vacío que traía consigo desde su último viaje en tren.

1 comentari:

  1. Que genial Alícia...!! Es un cuento arremolinado, como el agua que se cuela por el agujero del desagüe...un mar de lágrimas que de repente,desaparece...

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